
Desde aquí queremos dar el más sentido pésame a la familia del joven ciclista Adriel Heredia por el fallecimiento de su madre tras una larga enfermedad que ha durado la friolera de cuatro años.
Adriel, más conocido como Adriel ciclista o por el niño que repartía por las carpas de las escuelas los cromos de los profesionales del Tour de Francia, ha demostrado una entereza inigualable durante todo este tiempo. Nunca ha perdido la sonrisa ni las bromas a pesar de que la procesión iba por dentro.
Precisamente este pasado domingo, en la carrera de Quatretonda, Adriel subió por enésima vez al podio y lo hizo como siempre o sea con sonrisas y gastando bromas con sus compañeros de carrera.

Pocas veces o prácticamente ninguna he visto como este niño de tan solo 12 años se haya comportado como si fuese una persona mayor en estas situaciones. Tanto a mí como a otros muchos está noticia ha caído como un jarro de agua fría ya que Adriel nunca se ha hundido como un flan como hubiese sido comprensible en un niño.
La furia y el sentimiento de lucha espoleado por las ansias de vivir de su madre han llevado a Adriel ha realizar una o la mejor temporada desde hace siete años cuando empezó a correr en bici.
Valgan estas palabras para Adriel y Eugenio, unos grandes profesionales de la bicicleta y que de seguir en la misma línea es muy posible que se cumplan sus sueños. Unos sueños en los que Inés -su madre- desde lo más infinito intentará que se cumplan.
Texto. Jesús Sansaloni