Las bicicletas son para el verano

Julián Palomar. Periodista

“Sabe Dios cuándo habrá otro verano”.

El título “Las bicicletas son para el verano”, una obra de teatro escrita por Fernando Fernán Gómez en 1977 y que llevó al cine Jaime Chávarri en 1984, vuelve a tener vigencia en estos días de confinamiento. Ambientada en el entorno de la Guerra Civil española refleja muchos de los temores que se están viviendo en la sociedad actual con la bicicleta como protagonista. La historia se inicia en el verano madrileño de 1936, cuando Luisito, que ha suspendido Físicas, se queda sin la bicicleta que le habían prometido sus padres. Estalla la guerra y la familia deberá adaptarse al cambio de las costumbres que llega tras el Alzamiento Nacional, al miedo, al hambre y a la falta de libertades. Todo vivido desde un comedor. Cuando la historia parece haber concluido al llegar la paz, el padre de Luisito, Don Luis, afirma con amargura: “Sabe Dios cuándo habrá otro verano”. 

En la primera parte de la obra, la bicicleta representa una diversión para pasar el rato con amigos en el verano. Un símbolo claro de libertad y autonomía. Con la guerra en marcha la población se encerraba dentro de sus casas o en los sótanos para refugiarse de los bombardeos, lo que contrasta con las actividades al aire libre que serían ideales para esa época del año. El “Sabe Dios cuándo habrá otro verano”, de don Luis en un momento dado, no se refiere simplemente a la estación en sí y da a entender que los tiempos que les quedan por afrontar no van a ser fáciles, sino que van a estar cargados de sufrimiento y sacrificio. Algo semejante deben pensar los ciclistas que se encuentran confinados esperando que llegue ese verano, esa época donde se pueda entrenar al aire libre y poder juntarse con amigos. Mientras pase la “guerra” toca refugiarse en casa y disfrutar de la bicicleta de otra manera. Paciencia. Habrá otro verano.

Argumento

En el verano de 1936 estalla la Guerra Civil y tras el Alzamiento Nacional. En Madrid, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos, Manolita y Luisito, comparten la cotidianidad de la guerra con la criada y los vecinos de la finca. Luisito, a pesar de haber sido suspendido, quiere que su padre le compre una bicicleta. Pero la situación va a obligar a postergar la compra. Y el retraso, como la propia guerra, durará mucho más de lo esperado.

Publicado por Julian

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra.

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