¿Por qué el ‘Día de la Bicicleta’ se celebra hoy y no el 19 de abril?

La ONU cambió la fecha en 2018 porque inicialmente se conmemoraba a raíz de que el químico Albert Hofmann experimentó con LSD un viaje en bici

Hoy, 3 de junio, se celebra el Día Mundial de la Bicicleta. Su objetivo no es otro que el de promover el uso de la bici, poniendo el foco en las ventajas que supone para la salud y el medio ambiente. Además, se aprovecha la fecha para reivindicar los derechos de los ciclistas y advertir sobre su vulnerabilidad. Esa efeméride, antes de 2018, era todos los 19 de abril, sin embargo, el pasado año la ONU decidió que se celebrase el 3 de junio pues el motivo por el que se había escogido el 19 de abril no era el más adecuado.

El Día Internacional de la Bicicleta comenzó a celebrarse el 19 de abril a raíz de una experiencia mística de Albert Hofmann, el químico suizo que fue el primero en sintetizar, ingerir y experimentar con los efectos del LSD. Corría el año 1943 y Hofmann estaba experimentando con esta sustancia desde su laboratorio y decidió tomar una pequeña cantidad. Al comienzo, no notó nada, pero en su trayecto de vuelta a casa -en bicicleta- el químico comenzó a notar los efectos del ácido lisérgico. 

Este lúdico viaje en bicicleta de Albert Hofmann es solo una parte del motivo por el que el Día Internacional de la Bicicleta comenzó a celebrarse el 19 de abril. Porque la razón que la provocó fue también la acción de Thomas B. Roberts, un profesor de la Universidad del Norte de Illinois que en 1985 celebró con sus alumnos un día de la bicicleta, conmemorado el espirituoso viaje de Hofmann. Con el paso del tiempo y con la ayuda de Internet se internacionalizó el día.

Hasta el año pasado, la ONU no intervino en la fecha de la celebración del Día Internacional de la Bicicleta. Lo hizo en la 82ª sesión plenaria de la Asamblea General del 12 de abril de 2018, cuando se estableció como Día Mundial de la Bicicleta el 3 de junio.

La ONU explica que la bicicleta es un medio de transporte sostenible, sencillo, asequible, fiable, limpio y ecológico que contribuye a la gestión ambiental y beneficia la salud; que la bici puede servir como instrumento para el desarrollo, no solo como medio de transporte, sino también al facilitar el acceso a la educación, la atención de la salud y el deporte; que la relación entre la bicicleta y su usuario fomenta la creatividad y la participación social; asimismo, permite al ciclista conocer de primera mano el entorno local; que es un símbolo del transporte sostenible y transmite un mensaje positivo para fomentar el consumo y la producción sostenibles; además, repercute beneficiosamente en el clima.

“Día de la Bicicleta, o el doble viaje del Dr. Hofmann”

Miguel Delibes de Castro

Albert Hofmann, en 1994GETTY IMAGES

El 19 de abril de 1943, el Dr. Albert Hofmann, que trabajaba en los laboratorios Sandoz (hoy Novartis) de Basilea con los alcaloides del cornezuelo del centeno, decidió hacer una prueba utilizándose a sí mismo como cobaya. Solo tres días antes había estado ocupado con una variante del ácido lisérgico, famosa luego como LSD, que había sintetizado años atrás, y experimentó sensaciones muy extrañas, que definió como “una intoxicación no desagradable” (seguramente le ocurrió porque había absorbido inadvertidamente una pequeñísima porción a través de la piel de los dedos). Intrigado, quiso ir más allá y decidió ingerir con un poco de agua una cantidad que le pareció minúscula de aquella sustancia, 250 microgramos (0’00025 gramos), para experimentar en persona sus efectos. A los 40 minutos anotó en su cuaderno: “Comienzan los efectos. Ligero mareo, sensación de ansiedad, alucinaciones visuales, síntomas de parálisis, deseo de reír”. A partir de ahí no pudo seguir escribiendo.

Asustado, Hofmann decidió regresar a casa en bicicleta (en plena guerra mundial, apenas había coches) y pidió al ayudante del laboratorio que lo acompañara. Días después informó a sus jefes: “Al volver en bicicleta mi estado empezó a ser peligroso. Todo lo que había en mi campo de visión se movía distorsionado, como si se reflejara en un espejo curvo. También tuve la sensación de no poder moverme, aunque mi asistente me dijo después que habíamos pedaleado a una buena velocidad. Finalmente llegamos a casa sin problemas, y solo fui capaz de decir a mi acompañante que llamara al médico y pidiera leche a los vecinos”. El galeno no apreció enfermedad alguna, salvo dilatación de las pupilas, mientras la vecina que le proporcionó la leche le pareció que “ya no era la señora R., sino una bruja malévola con una máscara de colores”.

Sin pretenderlo, Hofmann había realizado el primer viaje con LSD y enseguida se dio cuenta de que se trataba de una sustancia extraordinaria, el alucinógeno más potente conocido. Imaginó que podría ser una droga importante en medicina psiquiátrica, sin considerar ni por un momento su potencial uso recreativo, que sería tan común en la época hippie y contracultural (“cuanto más se difundía su uso como alucinógeno, más problemático se volvía”, escribió). Pero siempre se refirió a aquella experiencia como “el día de la bicicleta”, inmortalizado después en multitud de imágenes coloristas y adoptado como “Día Mundial de la Bicicleta”, ciertamente a espaldas de su inspirador. A partir de ahí, el pánico que embargaba al científico, quien llegó a pensar que estaba muriendo, fue atenuándose y “dejó paso a un sentimiento de felicidad y gratitud”. Añadió: “En ese momento comencé a disfrutar de los colores y las formas, que veía con los ojos cerrados. Surgían fantásticas imágenes caleidoscópicas muy variadas, abriéndose y cerrándose en círculos y espirales, explotando en forma de manantiales llenos de colores, recomponiéndose y mezclándose, todo en un flujo constante”. Y al día siguiente: “Cuando salí al jardín, donde lucía el sol después de haber llovido, todo brillaba con una nueva luz. Parecía como si el mundo estuviese recién creado. Mis sentidos vibraban en un estado de gran sensibilidad que se prolongó todo el día”.

Albert Hofmann, que muy joven describió la estructura de la quitina, y tras el LSD aisló otros productos psicoactivos, ha sido considerado uno de los grandes científicos del siglo XX, con enorme trascendencia más allá de su campo de investigación. Solo entre 1943 y 1970 se publicaron más de 10.000 trabajos científicos sobre el LSD, considerado entonces el producto farmacológico más estudiado de la historia. Celebró sus 100 años de vida ensalzando al LSD como “medicina del alma” y lamentando la prohibición de su uso farmacológico. Murió en 2008, cumplidos los 102 años, muy poco después de que excepcionalmente se autorizara en distintos países el uso experimental del LSD como analgésico, antidepresivo y para otros trastornos. Al margen de ello, también los ciclistas le debemos un reconocimiento.

Miguel Delibes de Castro es profesor ad honorem del CSIC y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Fisicas y Naturales. Artículo publicado en El País el día 19 de abril de 2018.

Publicado por Julian

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra.

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